Sucesos

Identificado Un Militar Fusilado En La Guerra Civil Gracias A Su Anillo De Casado Y El De Su Esposa

Dos oxidados anillos hallados en los restos exhumados en las fosas comunes del cementerio de San Fernando (Cádiz), han sacado a la luz la historia de Alberto García Martínez, un militar de Cartagena (Murcia) ejecutado hace 80 años por permanecer leal a la República.

Gracias a esos dos anillos, que tenían grabadas dos inscripciones con los nombres de Dionisia y Alberto, se ha identificado a uno de los 106 militares que se estima que fueron ejecutados y sepultados en el cementerio de San Fernando.

Una Pista Fundamental Para Los Investigadores

Su hallazgo ha sido como un regalo para el equipo de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Democrática, Social y Política de San Fernando (Amede) que desde 2017 trabaja en las excavaciones de las fosas comunes del cementerio local.

Se calcula que en ellas están los restos de 229 personas que fueron ejecutadas desde el inicio de la Guerra Civil hasta 1940.

Hasta el momento sus trabajos han permitido exhumar 108 cuerpos. De ellos, tan sólo tres han podido, hasta el momento, ser identificados de forma «presuntiva», a la espera de la confirmación con pruebas de ADN.

El dato da idea de las dificultades que entraña la tarea de identificar los restos de las fosas y de la gran ayuda que, en este caso, han aportado estos dos viejos anillos.

Los llevaba puestos en el índice de su mano derecha el cabo fogonero Alberto García Martínez, natural de Cartagena, cuando, a los 43 años, fue ejecutado a las seis de la mañana del 18 de junio de 1940 en la tapia del cementerio de San Fernando tras ser sentenciado a muerte por el delito de rebelión.

El Registro Secreto De Los Sacerdotes

Cuando los arqueólogos descubrieron las inscripciones, pudieron enseguida relacionar los nombres con uno de los últimos apuntes que José Casado Montado incluyó en 1992 en Trigo Tronzado, un libro en el que este vecino de San Fernando había reunido un listado de los fusilamientos ejecutados en la ciudad por las tropas y el régimen franquista, entre ellos el del alcalde y sus tres hijos.

Para ello este vecino, fallecido dos años después de culminar el documento, había acudido a la Iglesia Mayor de San Fernando, porque sabía que allí había un volumen llamado Libro único secreto, en el que los propios sacerdotes anotaban día a día los datos de los fusilados.

De forma clandestina, diciendo que investigaba a las cofradías locales, José Casado accedió a este libro y tomó anotaciones.

Entre ellas estaba la referencia a Alberto García Martínez, junto a su edad, que era cabo fogonero del buque militar ‘Almirante Valdés’, su domicilio y que dejaba dos hijos, una niña de 9 años, y un niño de 17 meses. «Confesó y comulgó», añadían los sacerdotes en aquel libro.

«La intención de los sacerdotes de llevar ese registro no la sé, pero la Iglesia estuvo del lado de los golpistas. Asistían a los fusilamientos y su única preocupación era confesar y dar la comunión a las personas que iban a ejecutar, no se opusieron», explica el antropólogo social.

Los Buques Militares Leales A La República

El ‘Almirante Valdés’ era uno de los buques de la Armada que no se sumaron al levantamiento contra la República. Se sabe que partió de Cartagena el 5 de marzo de 1939 hacía Túnez y que de allí se dirigió a Cádiz.

«Era el final de la Guerra, estaba ya claro que la República no tenía nada que hacer. Seguramente habían pactado entregarse en Túnez y allí les debieron engañar para que partieran hacia Cádiz. Cuando llegaron les metieron en el campo de concentración de Rota», relata Javier Pérez.

La identificación del cabo fogonero ha llevado, gracias a la difusión en las redes sociales, a la localización de uno de sus nietos.

La publicación del listado de militares que iban en ese buque, o en otros como el destructor ‘Sánchez Barcáiztegui’, que tuvo un final paralelo al ‘Almirante Valdés’, ha permitido en las últimas semanas que otras cuatro familias puedan empezar a tener pistas de dónde pudieron acabar sus vidas y sus restos.

La asociación AMEDE se puso en contacto hace unos años con el Ministerio de Defensa para reclamar su ayuda en las tareas de exhumación de los 106 militares represaliados por el franquismo cuyos restos están en el cementerio de San Fernando.

«La primera respuesta fue que no tenían constancia y en la segunda reconoce que hay una fosa, pero no se implica más, dice que no es de su competencia», cuenta el antropólogo.

Sin esperar esta ayuda, la asociación tiene esperanzas en lograr una nueva subvención: «Si la conseguimos esperamos tener el proceso de esta excavación acabado en un año», dice Javier Pérez, que confiesa que se siente «agotado» por un trabajo que, como los profesionales de distintos campos y los voluntarios que forman parte del equipo, lleva a cabo por el compromiso de resarcir la memoria de las víctimas y el dolor de sus familiares.

Un Arduo Trabajo Poco Valorado

La asociación, que ha luchado por formar su propio equipo para llevar a cabo la excavación, recibió en los inicios una ayuda de la Junta de Andalucía. Después ha contado con el apoyo logístico del Ayuntamiento y subvenciones de la Diputación de Cádiz y del Ministerio de Presidencia.

Las subvenciones, cuenta el presidente de la asociación, no dan para mucho más que para pagar los gastos de los trabajos.

«La tarea que hay detrás, no sólo de la exhumación de los restos, sino la de identificarlos y localizar a sus familiares, a veces recurriendo incluso a la guía telefónica, muchas veces no se valora», explica este antropólogo social.

Una labor -también de bucear en la historia, siguiendo rastros en los archivos y en cualquier tipo de documentación- sin la que no hubiera sido posible saber que los anillos oxidados hallados pertenecieron el cabo fogonero Alberto García Martínez.

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Religión

Hallan Cuatro Anillos Con Supuestos Poderes Curativos En Galicia

Un equipo de restauradores ha hallado en el monasterio de San Estevo de Ribas de Sil (Ourense) cuatro de los nueve anillos milagrosos en los que se centra la leyenda del lugar. Según la tradición, tenían poderes curativos. Investigadores trabajarán para datar las sortijas y determinar si son las piezas que dieron origen a la historia.

Entre árboles y peñas se levanta el monasterio de San Estevo de Ribas de Sil. Una inmensa construcción de piedra que se asoma a los cañones del río Sil, en plena Ribeira Sacra orensana. Fundado antes del siglo X, el lugar fue uno de los principales centros religiosos de Galicia. Un edificio que cuenta una leyenda. La tradición recoge que sus paredes acogieron a nueve monjes que más tarde se convirtieron en obispos. Cada uno portaba un anillo. Unas joyas consideradas milagrosas.

Las historias apuntan a que los anillos, que permanecían en San Estevo, tenían propiedades curativas. Los fieles acudían al monasterio para dar respuesta a sus males. Incluso, a veces, los llevaban a las casas de los enfermos para sanarlos. Según la Diócesis de Ourense, estas piezas milagrosas devolvieron la vista a una niña ciega de nacimiento.

«Estos anillos tenían propiedades curativas o milagrosas y se distribuyeron por un tiempo entre los enfermos, a veces incluso las pasaban por agua, y esa agua que tocaba los anillos se aplicaba luego a los enfermos y hubo algunas curaciones», comenta Julio Rodríguez, párroco de San Estevo de Ribas de Sil.

Sin embargo, un buen día desaparecieron. En varios documentos de la época se lamenta su pérdida. Pero, su relato perduró con el paso de los años. También la de los nueve monjes. Es más, el escudo del monasterio lo componen las nueve mitras de los obispos que salieron de las pendientes de la Ribeira Sacra.

En pleno siglo XXI, San Estevo de Ribas de Sil ha perdido sus funciones monásticas. Es un hotel de la red de Paradores. Ya no recibe feligreses, sino turistas. Pero, esto no quita que los historiadores sigan trabajando en el monumento. Las obras de restauración de los relicarios laterales del altar mayor, realizadas por el Centro San Martín de la Diócesis de Ourense, avanzaban cuando realizaron un descubrimiento.

Fue al abrir la urna del relicario izquierdo, donde se conservaban los restos óseos de cuatro de los obispos del monasterio. Entre las reliquias apareció una bolsa de tela bordada en plata. En su interior, cuatro anillos y dos notas, una de pergamino y otra de papel. «Estos cuatro anillos son de los que quedaron de los nueve Santos Obispos. Son los que han quedado. Los demás desaparecieron. Por ellos se pasa agua para los enfermos y sanan muchos», rezaba uno de los dos documentos.

Las joyas son de plata y portan piedras de diferentes valores. El siguiente paso es analizar dichos anillos para comprobar si podrían ser los protagonistas de la leyenda del monasterio. «Son unos anillos que todavía tienen que ser estudiados por un equipo de arqueólogos e historiadores, pero parecen ser del siglo X u XI y, por tanto, podríamos estar hablando de toda una tradición de devoción a estos nueve obispos santos, que se encontraban en diferentes puntos del monasterio hasta la llegada del relicario en el que se encontraron los anillos», indica Luis Manuel Cuña, delegado episcopal de patrimonio y bienes culturales de la Diócesis de Ourense.

Un equipo interdisciplinar de investigadores del CSIC se personará en el lugar para analizar las piezas halladas. Realizarán varias pruebas para determinar la procedencia de los anillos. Además, desde la organización eclesiástica, piden ayuda a los especialistas de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia.

En estos momentos, las sortijas están custodiadas en la Catedral de Ourense. Según la Diócesis de la ciudad gallega, este hallazgo abre la puerta a seguir buscando. A encontrar los otros cinco, supuestamente en paradero desconocido. Las joyas en las que se basó la historia de los monjes de San Estevo. El halo de misterio que rodea a aquel monasterio que aguanta el equilibrio sobre las perpendiculares paredes de los cañones del Sil.

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Sexo

Se Pone 4 Anillos En El Pene Y Los Bomberos De Dénia Acuden Por Riesgo De “Estrangulamiento”

noticias insolitasUn hombre que se había colocado cuatro anillos de acero en la base del pene ha precisado de la ayuda de los bomberos de Dénia (Alicante) porque no lograba sacarlos y había riesgo de «estrangulamiento» del miembro.

Esta incidencia ocurrió a las 3 de la madrugada del pasado jueves al viernes cuando los bomberos recibieron una llamada del hospital de la localidad para recabar su ayuda con respecto a un varón extranjero de unos 40 años, ha relatado hoy el jefe del parque de este cuerpo de extinción, Javier Fayos.

Al llegar la dotación, comprobaron que el hombre se había colocado cuatro anillos de acero en la base del pene y que los mismos oprimían sobremanera al órgano sexual, por lo que había peligro de estrangulamiento.

Los bomberos utilizaron una pequeña sierra de alta precisión, tipo Dremel, y «con mucho cuidado y refrigerando la zona continuamente con suero fisiológico por el calor que generaba el rozamiento» realizaron ocho cortes (dos por anillo) para solucionar el problema.

«No es la primera vez que nos llaman del hospital para romper anillos aunque normalmente están en los dedos. No es frecuente que se hallen en el pene -creo que es la segunda vez que esto sucede- ni tampoco es habitual que sean de acero, lo que ha obligado a hacer dos cortes, uno arriba y otro abajo, porque por la dureza del metal con uno no era suficiente», ha explicado el jefe del parque.

Esta delicada intervención, que se saldó con éxito, fue necesario efectuarla en uno de los quirófanos ante la posibilidad de que algo pudiera fallar en el momento de realizar los cortes, y contó con la presencia de los bomberos y diverso personal médico y de enfermería.

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