Tráfico

Una Aerolínea Japonesa Obliga A Un Paralítico A Reptar Para Embarcar En Uno De Sus Aviones

noticias insolitasLa aerolínea japonesa Vanilla Air se ha visto obligada a pedir disculpas después de que se hiciera público un incidente relacionado con un pasajero minusválido. Hideto Kijima, de 44 años de edad y paralítico de nacimiento, fue obligado por los trabajadores de la compañía a subir por las escaleras de acceso al avión reptando.

Al parecer, los empleados de esta low-cost no permitieron que sus amigos le subieran en volandas hasta la aeronave, ya que según argumentaron que todo el mundo debería poder subir por sí solo o si no no podría viajar, según informa Mashable.

El hombre tuvo que pasar por el aro y subir reptando el trecho, con la única ayuda de un amigo que iba empujándole para que le costara un poco menos. Una vez llegó al último escalón, la tripulación sí que le llevó hasta su asiento.

«Jamás me habían negado el embarque por mi incapacidad de andar», asegura Kijima en declaraciones concedidas a Asahi Shimbun. Además, se da la circunstancia de que este pasajero es el presidente del Centro de Turismo Accesible de Japón, una ONG que ayuda a turistas con minusvalías que visitan el país del sol naciente.

Los hechos sucedieron en el aeropuerto de la isla de Amani el pasado 5 de junio, cuando Kijima y sus amigos regresaban a casa. En el vuelo de ida -realizado con las misma compañía dos días antes- no hubo ningún problema con la silla de ruedas y pudo embarcar y desembarcar sin más problemas.

En el mismo medio nipón se destaca que Kijima ha visitado más de 200 aeropuertos de 158 países, y jamás había vivido una situación similar. Por este motivo, presentó una denuncia ante el ministerio de Transportes de Japón, y de momento ha obtenido una disculpa de Vanilla Air y una promesa de que su política de accesibilidad va a ser revisada.

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Sociedad

Multan A Ocho Jóvenes Por Jugar Al Parchís En Una Plaza De Madrugada

noticias insolitasMálaga, 14 sep (EFE).- Ocho jóvenes de entre 20 y 30 años han sido multados cuando se encontraban jugando al parchís y consumiendo bebidas sin alcohol en una plaza de Málaga de madrugada, por lo que deberán pagar cada uno 101 euros, según informa el diario «Málaga hoy».

Este grupo de amigos se había reunido sobre las 23:00 horas del pasado miércoles como cada noche y, tres horas más tarde, cuando cuatro de ellos jugaban al parchís sentados en un escalón mientras las chicas conversaban, la Policía Local requirió a uno de ellos su documentación.

Conchi Toro, 29 años, ha explicado al periódico malagueño que no esperaban que fueran a multarlos y que les dijeron que «no se puede consumir nada y que habían recibido quejas de vecinos a los que les molesta el ruido de los dados con el cubilete».

Recuerda que portaban dos botellas de agua y una lata de refresco de cola vacías y que junto a ellos también había una silla de playa en la plaza, situada en el barrio de La Purísima, próximo a la calle Eugenio Gross.

«La Policía empezó a sacar las denuncias para que las firmáramos. Nos quedamos muertos porque no estábamos ni siquiera chillando, sólo hablando», comenta.

Añade que no han cometido «ningún delito»; que en esa plaza se juntan todos desde que empezaron a andar, «hace más de 25 años», y que les dijeron que eran muchos y que no podían hacer «una reunión así como así».

La Policía, según consta en el escrito citado por el rotativo, justificó su actuación en la «permanencia y concentración de personas consumiendo bebidas en zonas no autorizadas»,

En el caso de los chicos los hechos denunciados se refieren «al consumo de bebida sin alcohol y jugar al parchís», mientras que en el de ellas se destaca sólo lo primero.

La multa para los ocho es la misma, que consideran «excesiva» y que tienen previsto recurrir.

«No tenemos forma de pagar la sanción. Excepto dos, todos estamos en el paro. Una de mis amigas tendría que trabajar una semana entera como repartidora para asumirla», se lamenta Conchi.

Ana, otra sancionada, cree «indignante» la situación y añade que sale de una hamburguesería todas las noches a la 1:00 y se pasa únicamente a ver a sus amigos como para que le multen «por beber agua en la calle».

Aída precisa que estaban «muy tranquilos sentados tomando el fresco y no armando jaleo» y que si les multan «por dos simples botellas de plástico, que no estaban ni llenas, ¿qué será lo siguiente?», mientras Francisco lo ve «una vergüenza» y explica que cada uno vive en una calle que desemboca en la plaza.

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